Te regalo mi oreja

Hace unos días fui con unos amigos a Tlaxcala (al centro de la República Mexicana), terminando de comer esperábamos el autobús que nos llevaría al Santuario de las Luciérnagas en Nanacamilpa, yo caminaba alrededor de la plaza donde nos recogerían y en algún momento que me senté pasaron varios vendedores ofreciéndome sus productos, yo sólo negaba con la cabeza y ellos seguían su camino, hasta que paso un señor mayor de edad.

El vendedor, como los otros, me ofreció sus productos: flores y canastas de mimbre, yo negué con la cabeza como lo había hecho con los otros, pero esta vez él no se siguió de largo, me miró, insistió y sorpresivamente se sentó junto a mí y empezó a platicarme de su vida.

Mi primera reacción fue de desconcierto, ¿qué buscaba ese señor al sentarse a platicar conmigo?, él, a pesar de que mi corporalidad estaba a la defensiva, siguió como si nada, me contó de su trabajo actual como vendedor, de su familia, de sus viajes al otro lado como inmigrante, eso en realidad no era una conversación, era un monólogo en el que yo apenas asentía y balbuceaba alguna que otra palabra.

Y de pronto comprendí que Don Rogelio únicamente quería ser escuchado, quería que alguien le pusiera atención a su historia, a su vida, a sus sentimientos y entonces… le regalé mi oreja, puse toda mi atención en él, sin juicios ni pensando en que responder, solo escuche.

Cuando llegó mi autobús y me tuve que despedir, amablemente me extendió la mano y me invito a que al volver a su ciudad lo buscara.

Más allá del hecho de conmoverme con su historia me puse a pensar cuantas veces no prestó atención a las personas que me rodean,  cuando me están hablando y yo no las escucho. No hablo sólo de que me pueda distraer con el celular o la televisión, en ocasiones aún y cuando estoy poniendo aparente atención estoy pensando en otra cosa o pensando en qué voy a responder en lugar de regalarles mi oreja y estar ahí con la totalidad de mi ser para esa persona que quiere ser escuchada.

También descubrí que a veces tampoco me escucho, ni me pongo atención.

¿Y si te escuchas?

¿Y si sí…?

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