Una extranjera en mi propia ciudad

Llevo un par de meses conviviendo de forma regular con un grupo de amigos extranjeros, en el grupo somos: tres venezolanos, una argentina y yo la mexicana, de hecho dentro el grupo se refieren a mí como la local.

Lo que inició con algunas salidas casuales a lugares representativos en la Ciudad de México se ha convertido en salidas semanales a lugares icónicos dentro y alrededor de la ciudad, sí, mis amigos comparten este gen viajero que me recorre la sangre y me impulsa a moverme.

Como la local, mis amigos asumen que soy referencia para todo lo Mexicano, me preguntan por igual sobre la historia de mi país, política, arquitectura, comida y hasta por los nombres de las calles, yo intento responder todas sus preguntas, a veces me toca ir a lo más profundo de mi memoria para dignamente representar a mi país con mis conocimientos o de plano buscar el apoyo de google.

Con el grupo he visitado lugares que conozco desde niña, algunos incluso a los que hacía tiempo no había regresado, algunos otros por los que paso regularmente y ante la prisa del día a día veo sin prestar atención.

Al estar en lugares que he visitado en reiteradas ocasiones me han sorprendido con preguntas que me hacen poner atención a detalles de los que antes no me había percatado o cuando comparten sus comentarios con ojos de primera vez y me contagian de su emoción o admiración, mismos que yo como local no había notado, lo curioso es que pueden ser lugares que he visto montones de veces, que siempre han estado ahí pero hasta ahora los puedo mirar con otros ojos.

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Pirámide del sol en Teotihuacan

Y entonces me encuentro redescubriendo mi ciudad y alrededores, viendo con otros ojos lo que siempre ha estado ahí y había olvidado lo hermoso y esplendoroso que son, y de repente me doy cuenta que eso me ha pasado también con las personas que habitualmente me rodean como mis papas, mis hermanas, amigos, compañeros, etc. a quienes sigo viendo con la misma mirada del pasado, aquella mirada que da por sentado y que ha dejado de ver lo hermosos y esplendorosos que son, y me doy cuenta que a veces tiene que venir alguien de fuera, alguien que no está habituado a ello para hacerme volver a observarlos con esa mirada, con la que incluso en ocasiones también he olvidado verme.

“¿Y si redescubres a los que te rodean?”

¿Y si sí…?

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