Me reí de mí

Vengo regresando de ver las Auroras Boreales en el territorio del Yukón en Canadá. Así como el año anterior en que visité el mismo territorio, este viaje fue una gran experiencia (post anterior) solo que ahora se sumó el que yo fui como Coach, co-facilitando a un grupo con mi amigo y maestro Maykert.

Esta fue mí primera experiencia como facilitadora de un grupo con un propósito específico, el cual fue trabajar las expectativas. Confieso que este había sido uno de mis sueños (traducido a metas) desde hace un par de años ya que en esta actividad se conjugan dos de mis grandes pasiones: el Coaching y los viajes.

Con la emoción dual de la primera vez me preparé y emprendí el viaje. Cuando aterrice en el aeropuerto de Whitehorse empecé a sentirme inquieta y, a partir de ese momento, mi diálogo interno se convirtió en una lucha por evitar hacer el ridículo e infundirme confianza. Con esta sensación arranqué esta aventura.

El día uno paso rápidamente y en la primera intervención que tuve las cosas transcurrieron bien, sin embargo, no como yo esperaba. Que ironía, yo hablando sobre el tema de expectativas y justo me estaba metiendo el pie con ellas (ya luego les cuento). Mi intervención no fue como yo la tenía planeada y los resultados obtenidos tampoco, por lo que en el juego de mi dialogo interior el temor de hacer el ridículo había anotado el primer tanto.

El segundo día, con las actividades previamente planeadas arrancamos la visita a la ciudad, sin embargo, el clima nos impidió seguir la agenda y mi amigo improvisó divinamente con sus doce años de experiencia en esto, pero yo empecé a titubear. Para la noche en la que tendríamos la sesión más importante del día, la idea de hacer el ridículo ya había anotado muchos tantos más.

Para el último día mi ánimo no era precisamente el más óptimo, mi diálogo interno estaba bastante abatido, sin embargo seguí adelante, ese día haríamos un paseo en moto nieve a la montaña en la que hasta improvisé una intervención de calidad, pero que mi mente no logró rescatar en el marcador.

En el punto más alto de la montaña nos bajamos de la moto nieve para admirar el paisaje. Yo recién me unía al grupo ya que me estaba costando trabajo caminar en la nieve cuando alguien sugirió una foto de grupo. En lo que la gente se agrupaba yo extasiada por el paisaje intentaba sacar mi celular de mi enorme traje de nieve cuando perdí el equilibrio y me caí; nadie me vio ya que todos posaban para la foto, le grite a una amiga un par de veces cuando finalmente me ayudo y me pude acercar a la foto.

Parecía que el incidente había pasado desapercibido para la mayoría del grupo hasta que compartieron las fotos en la que yo salgo de lado tirada en la nieve por lo que casi todos cuando la vieron rieron a carcajadas. En resumidas cuentas en la foto salía… haciendo el ridículo, justo en lo que mi mente se había enfocado.

Una vez que vi las fotos yo también me reí de mí y hasta hice un meme, sin embargo más me reía de cómo me había permitido que mi diálogo interno se fuera por la carretera libre como si yo no tuviera ninguna injerencia en él, literal caí en cuenta de ello.  En ese momento puede ver claramente lo que dicen en el Coaching, que dirigir tu dialogo interno es una de las claves para alcanzar el éxito.

Y ese no fue el único ridículo del día, por la noche me superé a mí misma, pero eso luego se los platico.

¿Y si te ríes de ti?

¿Y si…sí?

Me reí de mí

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