El Yukón me abrió el cerebro

Otra de las cosas que me gustan de viajar es la posibilidad de conocer otras formas de vida, el ser testigo presencial de otros sistemas de comportamiento como, por ejemplo, para la gente en Varanassi en India es común que las vacas caminen por la calle y hasta se sientan a tomar el sol; o en Egipto la gente a cierta hora del día saca su tapete y se pone a orar, en ambos casos para los locales es de lo más común. Aún y cuando lo pude haber leído en un libro o ver en un documental, nada se compara a cuando lo miré en vivo y en directo.

Claro que cuando una viaja a lugares tan lejanos y a otras culturas espera ver cosas diferentes, vaya es casi hasta motivo del viaje, uno se asombra pero ese asombro es hasta cierto punto esperado.

Lo que yo no esperaba es que viajar en mi propio continente, a un país bastante similar en cultura al nuestro como Canadá pudiera generarme tal asombro. Mi visita a Whitehorse en territorio del Yukón ha sido de los viajes en lo que literal sentí como mi cabeza, cerebro y/o mente se expandieron.

La primera vez que visité ese lugar en el mes de febrero, mi investigación y preparación se concentró en la temperatura. No tenía ni idea de cómo sería transitar a -20 grados centígrados y en que iría a ver las Auroras Boreales. Fue así como me sorprendí llegando a una ciudad de unas veinticinco mil personas de las cuales yo creía que la mayoría vivían ahí porque era su lugar de nacimiento, lugar de sus ancestros y quizá porque no habían tenido oportunidad de migrar.

Claro en mi mente citadina, donde veinticinco mil personas vivimos en mi colonia; donde es normal  invertir dos horas de camino a tu trabajo para llegar a sentarte en un escritorio y desempeñar un trabajo frente a la computadora y en ocasiones ni ver el sol por estar en un sitio cerrado; donde tu vida transcurre queriendo escalar mayores posiciones en la organización para la que trabajas para invertir más tiempo en ese lugar; con esta mentalidad, la vida en el territorio del Yukón me abrió el cerebro.

El Yukón me abrió el cerebro

No, en el Yukón hay un montón de personas de todas partes del mundo que deciden irse a vivir ahí justamente porque en esa zona del mundo pueden vivir de una forma más calmada,  sin tráfico, como mi paisana abogada que viviendo en Montreal se mudó para allá; o el chico francés que se fue a vivir a una casa en la montaña para poder estar rodeado de la naturaleza y hacer deportes extremos tan seguido como quiera; o el Chileno que se casó con una mujer de Jamaica y tienen un restaurante de comida caribeña que solo abren en el verano; y así muchos más.

Pensar en todas estas historias hace que mí cuadrado cerebro se abra a otras posibilidades y que me ponga a pensar en qué otras áreas o temas mi propio cerebro me limita y me cierro a otras formas de vida, de pensamiento y de acción. Gracias Yukón por mostrarme que existen caminos distintos que puedo caminar y me pueden llevar a lugares distintos.

¿Y si te abres a las posibilidades?

¿Y si…si?

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