Un mundo de posibilidades

Hace seis años llegaba yo a Lhasa, la capital del Tibet. Y a pesar de la distancia -de días y kilómetros- recuerdo claramente lo que fue estar ahí. En general, fue una mezcla de emociones. Por un lado, tristeza por su historia y al mismo tiempo una alegría que me inundaba todo el cuerpo.

Verán, aún en mis sueños más locos, nunca imaginé que alguna vez estaría en el Tibet. Recuerdo a los veintitantos haber leído un libro que me prestaron, en el que narraban la salida del Dalai Lama. Esa fue la primera vez que escuche de esa región y me impactó tanto que por unos años me sumergí en la historia de ese país, el cual, en mi mente, sonaba como un lugar muy, muy lejano (cómo en los cuentos).

Mi alma viajera es un poco cuadrada. Desde pequeña sabía que había tres destinos que yo quería visitar (Egipto, Rusia y la India) y una vez que conociera esos lugares ya pensaría a dónde más viajar. Sin embargo, la vida me sorprendió con una oportunidad de extender mi viaje a la India y llegar a Lhasa. De inicio ni siquiera la consideré, y cuando algunos amigos me alentaban, yo rebatía cada argumento indicando las razones por las cuales no era posible, que si el trabajo, que si la familia, que si el dinero, etc.

Justo recordaba eso cuando me encontraba una noche en la plaza enfrente del Palacio Potala. Mi corazón latía alegremente y yo bailaba bajo la lluvia (literal…hay testigos). En ese momento comprendí que darme la oportunidad de pensar que era posible era lo que me había llevado hasta ese lugar.

Un mundo de posibilidades

Ese ha sido uno de los viajes que más huella ha dejado en mi corazón. Me permitió experimentar que los límites solo están en mi cabeza y que ahora cuando pienso que no es posible, es eso, solo un pensamiento que puede ser cambiado.

Y no es que ahora me lance a hacer viajes o tomar acciones descabelladas, es solo que ahora sé que cuando me enfoco en que no es posible mi mente se concentra en encontrar mil razones que avalen ese pensamiento, y que si pienso que si es posible, también mi mente se concentra en encontrar un mundo de posibilidades para que así sea, por lo que ahora me inclino a la segunda opción que me es más funcional para concretar sueños y proyectos.

¿Y si es posible?

¿Y si…sí?

 

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