Trabajo con lo que tengo

Hace poco un compañero de la oficina me platicaba cómo resolvió una situación en un evento. Un poco riendo sobre lo que se le tuvo que ocurrir para resolver la situación, concluía su relato diciéndome que él trabajaba con lo que tenía. Desde entonces, esa frase me ha resonado muy frecuentemente. (gracias por el aprendizaje Alvaro)

En Enero de este año estuve en Bacalar, un regalo de la naturaleza que brinda paz y armonía. En esta laguna había un columpio al que desde que llegué se me antojó subir. Yo en lo personal nunca había visto un columpio dentro del agua, así que como muchas veces me emocionaba hacer algo por primera vez.

Debido al clima, hasta el tercer día pude entrar a la laguna. Por supuesto que yo seguía pensando en el columpio y en lo lindo que sería columpiarse en el agua, por lo que en cuanto pude me dirigí a él con todas las ganas de subirme, pero una y otra y otra y otra vez ¡pum! la tarea estaba resultando más difícil de lo que mi mente imaginaba. De acuerdo, los brazos no me estaban sosteniendo lo suficiente, mis piernas no se elevaban lo que se necesitaba, hasta trague agua y no logré subirme.

Lo intenté un par de veces más y nada, un poco decepcionada me fui a sentar en la hamaca de junto. Entonces llego una compañera con la intención de subirse al columpio, le advertí que era una tarea complicada y que estuviera preparada para intentarlo varias veces antes de lograrlo. Ella asintió, se acercó al columpio y… se subió de inmediato. Después de ella otra compañera se acercó, le di la misma advertencia y ella también se subió a la primera.

Yo desde la hamaca veía como se subían al columpio y rumiaba mi decepción. Cuando se fueron, regresé al columpio para intentarlo nuevamente. Esta vez intenté hacerlo como mis compañeras, pero nuevamente los brazos no me levantaban y mis piernas no se elevaban. Me quedé parada en el agua por unos minutos y decidí que lo iba a seguir intentando. Entonces, en lugar de usar los brazos para subir, floté en el agua muy cerca del columpio y empecé a deslizar torpemente mi cadera, un poquito y otro más. La escena desde fuera debió lucir bastante cómica, sin embargo, de a poco lo logré.

Ya sentada en el columpio, muy contenta, pensaba que también yo trabajo con lo que tengo (alguna ventaja habría de tener una cadera abundante); que me gusta usar mis recursos en la forma en que pueda lograr la meta que me proponga; y que de hecho que bueno que a veces no lo haga como otros, ya que de esa forma le imprimo mi toque personal y el logro me sabe más y mejor. También descubrí que mi estilo de cumplir metas es deslizándome a ellas, más adelante les cuento más.

¿Y su usas tus talentos?

¿Y si…si?

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