Compañera de viaje infernal

En algún momento de mi vida mis amigos dudaban de viajar conmigo. Algunos de los que se atrevieron a hacerlo en aquel tiempo me confesaron que habían estado nerviosos de pensar en  compartir varios días conmigo lejos de casa o que de plano no se la habían pasado bien, que había yo resultado una compañera de viaje infernal.

Como mi amigo Mario cuando viajamos a San Francisco que pidió ayuda para hacer su maleta ya que temía que al abrirla en el hotel yo reprobara la forma en la que la había preparado y que los días que pasamos juntos se esmeró en mantenerla en orden para evitar que yo lo regañara.

O en aquel viaje a Paris que organice con mi hermana y una amiga. Previo a la semana que pasamos ahí nos dedicamos a organizar un itinerario muy preciso incluso con horarios para comer. Estando allá yo me encargué de que el mismo se cumpliera, a pesar de que ellas querían yo no les daba espacio para la espontaneidad ni la contemplación. Cabe mencionar que llego un momento en que estaban tan enojadas conmigo que me dejaron de hablar y por el bien de la relación decidimos un día separarnos para que ellas pudieran disfrutar de un Paris que yo no las dejaba.

O en mis años universitarios que una amiga me invitó a Zacatecas a pasar unos días con su familia y en la casa de su primo yo derramé la cera de zapatos, la cual se me ocurrió limpiar con papel de baño y después tirar al escusado. Evidentemente este se tapó y yo hice un gran drama toda la noche pidiendo que me llevaran a la estación de autobuses para no despertar ahí.

En la distancia veo todas estas actitudes y reconozco control, rigidez y soberbia, queriendo que todo se hiciera en la forma que yo marcaba, a mi ritmo y a mi tiempo. ¿Y sabes? Yo tampoco lo disfrutaba, en el fondo había un montón de insatisfacción personal que quería disfrazar controlando en el afuera.

Hoy me considero una buena compañera de viaje. Me alegra que en mis viajes más recientes algunos de mis acompañantes me han comentado que es fácil viajar conmigo y que disfrutan mi compañía. No, tampoco es que yo haya cambiado drásticamente es solo que en mi camino de crecimiento he recorrido el Viaje del Gozo descubriendo el estar a gusto conmigo.

Hoy viajo más ligera. En este camino he trabajado en conocerme, en aceptarme, en empezar a caerme bien y amarme, sigo trabajando en ello ya que es un camino que nunca termina, pero que sin duda empieza con el primer paso.

¿Y si das el primer paso?

¿Y si…sí?

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