¿Cuál es tu pretexto?

Me gusta mucho toda la apertura que existe actualmente sobre crecimiento personal. Basta con teclearlo en internet o escuchar una conversación entre amigos para conocer que existen muchas técnicas para explorar que te está impactado en la vida presente y cómo puedes mejorarla.

Me gusta también presenciar cómo la gente está ávida de esta búsqueda. Sin embargo, al mismo tiempo, me conflictúa un poco que esa búsqueda se quede en un nuevo vocabulario incorporado a nuestra conversación, pero que no necesariamente estamos aplicando a nuestra vida. Es más, que hasta en ciertos puntos nos excusemos en esos hallazgos.

El año pasado en un viaje que realicé se reunió un interesante grupo de personas con visiones holísticas. En este mismo grupo había una compañera que externaba de forma regular sus problemas personales, que al parecer eran muchos, todos tenían desde su propia visión recomendaciones de cómo abordarlos para trabajar en la solución. Ella generalmente respondía que debido a su karma, a su linaje, a sus ancestros, su signo zodiacal, que su gurú le había dicho o hasta por sus animales de poder era que ella tenía esos problemas.

El otro día comía con una amiga que me contaba de ciertos retos de trabajo y personales a los que se estaba enfrentando. En todo momento ella me decía que como era aire y le faltaba tierra le estaba costando mucho trabajo concretar. En el caso de esta amiga soy testigo de que ella está buscando las soluciones, pero yo me pregunto qué tanto le ayuda repetirse una y otra vez que le es difícil concretar.

Y este es mi conflicto, que este nuevo lenguaje se quede en el afuera, como consecuencia del pasado o de los astros, que no hagamos cambios en nuestra vida, en nuestra rutina, en el día a día y que no nos hagamos responsables de ello; que estos descubrimientos se queden en un pretexto, en una forma de mirarnos sin mirar la totalidad de nuestro ser, que nos determinen y no activemos todos los recursos que tenemos para salir adelante.

A lo mejor y en ocasiones se utiliza el “diagnostico” como un pretexto en lugar de un punto de partida o de un faro que indica que posibles caminos tomar. Y no es que quiera minimizar el esfuerzo que requiere salir de nuestros conflictos, pero emulando a mi terapeuta repetiría “ama y trabaja”. No nos quedemos en el diagnóstico, usemos esa misma avidez de búsqueda para entrarle al trabajo personal.

¿Y si dejas los pretextos?

¿Y si…sí?

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