Las viajeras también lloran

Mi afición por viajar tiene mucho que ver con eso que yo llamo “el acelerador de experiencias”. No sé si esto atiende a qué me pasan más cosas durante los viajes o a que estoy más atenta a lo que me pasa. Eso que llamamos conciencia y presencia.

En mi primer día en solitario en Panamá, recién bajada del avión, me trasladé al Casco Viejo de la Ciudad. Mi hotel quedaba lejos de esa zona, empezaba a oscurecer y había algo de lluvia. Cuando salí de cenar de un restaurante maravilloso (ya pronto la reseña en #elgozodetableforone) no podía encontrar un taxi que me llevara de vuelta. Después de varios intentos, la aplicación donde los estaba solicitando, me seguía diciendo que no había autos disponibles, cuando finalmente me animé a hacerle la parada a un taxi de la calle, se detuvo y al darle el nombre de mi hotel me dijo: yo para allá no voy y subió su cristal.

Ahí yo, parada en medio de la lluvia, viendo el cristal subir me asaltó un sentimiento de abandono que sumado a la idea de no poder regresar al hotel me hizo estallar en llanto. Suena exagerado, probablemente, pero así me sucedió.  Finalmente logré encontrar transporte. En el camino de vuelta, aun con lágrimas en los ojos y el corazón encogido, reflexionaba que ese evento me mostraba un asunto que viene de mi infancia y que toca seguir trabajando.

Al siguiente día, en la misma zona se desató una lluvia torrencial, de esas que paran el tráfico. Misma situación para encontrar taxi, mismo sentimiento, solo que esta vez en lugar de llorar empecé a caminar con pasos firmes, rápidos y pensando “así tenga que caminar un par de horas llego al hotel”. Al final no hubo necesidad, apareció un taxi que sí iba para allá ja.

El resto del viaje reflexioné sobre esas experiencias, encontré que en ambas situaciones soy yo: a veces me quiebro, a veces soy aguerrida, pero al final resuelvo y continúo avanzado. Este es el regalo más grande que me entrega cada viaje, esa presencia y conciencia que me permite seguir creciendo.

Claro que aplican restricciones. No solo es vivirlo también hay que reflexionar sobre ello, procesarlo e identificar aprendizajes.

Estos eventos me dejaron un sabor no muy grato de la ciudad, pero también puedo reconocer que Panamá no tienen nada que ver con ello, que es mi propio estado emocional el que marca el tono de las experiencias, de viaje… y de vida.

¿Y si lloras?

¿Y si…sí?

One thought on “Las viajeras también lloran

Leave a Reply

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.