No empujen el avión (¿o sí?)

Hace una semana volaba de vuelta a la Ciudad de México desde Nueva York en un vuelo de un poco de más de 5 horas, estaba tan cansada de haber pasado los últimos días caminando la ciudad que ansiaba subirme al avión para dormir todo el camino.

Apenas llegué a mi asiento me quedé dormida, ni siquiera sentí que tardamos más de una hora en despegar y hasta que le pusieron anticongelante al avión por el frío.  Transcurría el vuelo y mi sueño en bastante calma cuando de pronto el avión dio una gran sacudida, de inmediato anunciaron que estábamos pasando por una zona de turbulencia y que permaneciéramos en nuestro lugar.

Después de ese susto inicial, el avión empezó a moverse bastante fuerte, por un momento me sentí en un cine de tecnología 4DX, en esos que te mueven el asiento para complementar la experiencia. No acabábamos de pasar una sacudida cuando ya venía otra.

Yo intentaba calmarme con poco éxito, pero cuando un movimiento me hizo tambalearme de un lugar a otro del asiento en serio me asusté. No miento al decir que ha sido la peor turbulencia que he experimentado en un vuelo y mira que cuento con muchas horas en el aire.

En la siguiente sacudida una chava que venía en el asiento contiguo al mío me agarró el brazo como para tranquilizarnos, cuando volteo a verla miro en su rostro el mismo miedo que yo sentía. Le sonreí forzadamente y empecé a respirar largo y profundo, en ese momento pensé, híjole ya me llegó la hora. Yo seguía con mis respiraciones cuando me encontré preguntándome ¿cómo quiero que sea este momento? Y ahí si me tranquilicé del todo, a pesar de que las turbulencias continuaban.

En esa calma del movimiento, empecé a pensar cómo me sentía con respecto a mi vida, qué me estaba faltando por hacer, qué experiencias quiero vivir y qué no quiero perderme por el postergar o por falta de iniciativa de mi vida. Eventualmente el movimiento cesó y el vuelo continuo con toda tranquilidad, sin embargo, yo en lugar de volver a dormir seguí pensando en cómo le voy a hacer para vivir esas experiencias que siento que me faltan.

Me bajé del avión con una sonrisa, si el aire no hubiera empujado el avión de esa forma yo me habría dormido todo el vuelo y no me hubiera cuestionado o puesto a pensar en ciertas cosas. Y fue ahí donde con claridad vi eso de que en la calma es más complicado retarnos y crecer, cuando todo marcha sin sacudidas podemos pasarnos mucho tiempo en el piloto automático, que es un símil de estar dormidos,  que una buena zarandeada de vez en cuando suma mucho a nuestras vidas, y que la vida es movimiento así que más vale irse acostumbrando al mismo y fluir en como venga.

¿Y si te mueves?

¿Y si…sí?

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