Aprendí a llorar

Cuando tengo ganas de llorar mi primer impulso es reprimirlas. La primera vez que jugué basketball fue en el jardín de mi casa en el que mi papá muy entusiasta había montado una canasta. El día que llegó con el balón armó el partido con mis hermanas, yo que siempre he sido un poco torpe con mis habilidades motoras, no atine a agarrar el balón cuando me lo lanzaron y este me pegó duro en la cabeza.

Por supuesto que me dolió y que lo que quería era llorar, pero eso no era bien visto en mi familia, ya de por si tenía fama de debilucha por lo que me contuve lo más que pude. Esa y varias historias más de mi niñez son lo que hacen que cada vez que tengo ganas de llorar mi reacción inmediata sea reprimirlas.

En los días más reciente he tenido ganas de llorar, en el proceso de duelo y cambios que estoy viviendo hay tristeza por lo que terminó y el llanto viene a mí. Fiel a mi niñez no me estaba permitiendo llorar.

Por supuesto que lloré el día que me despedí de mis compañeros de trabajo, con algunos de ellos había convivido todos los días al menos los últimos diez años de mi vida. Pero a la semana siguiente me levanté lista para iniciar una nueva etapa de mi vida intentando mantener la rutina del pasado.

Lo estaba logrando, levantarme antes de las seis, arreglarme como cuando iba a la oficina y a las 7 a.m. lista para arrancar el día en la computadora. Lo distinto es que me estaba obligando a trabajar y no había disfrute en lo que estaba haciendo.

Ni siquiera me había dado cuenta que tenía ganas de llorar hasta que unos días más tarde me encontraba en el office depot comprando una silla. Ahí en el mostrador mientras me pedían los datos para mi factura se me salieron las lágrimas de la nada. Y en ese momento contrario a otras veces las dejé salir tímidamente. Ya en el auto de vuelta a casa lloré a moco tendido (jeje expresión local).

Desde ese día lloró cada vez que me dan ganas. Descubrí que una forma más de ser amable conmigo es permitirme sentir mis emociones, dejarlas fluir. He descubierto también que cuando dejo correr mi llanto y las emociones que viene con él, no duran mucho, pasan y la sensación posterior es de tranquilidad. Ahora si es claro para mí el que una emoción no dura más de 90 segundos.

Y entonces, a mis cincuenta años me descubro aprendiendo a llorar. Incluso si me pasa delante de otras personas como ha sido con mis amigos, familia y hasta empleados de office depot ya no me da pena, prefiero ser amable conmigo que quedar bien con otros.

¿Y si lloras?

¿Y si…sí?

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