Mensaje gatuno

Hace catorce años llego a mi casa una linda felina, con tan solo tres meses la adopté en un albergue donde la habían encontrado recién parida con dos hermanos debajo de una llanta. Nunca había tenido una mascota y no tenía idea de cómo convivir con una, a tal grado, que la primera semana ella se escondía debajo del sillón y yo en mi recámara, cuando ambas nos aventurábamos a salir y nos topábamos, cada una salía corriendo a su escondite a ocultar su susto.

Al primer mes quise buscarle otra casa, la recomendación de familia y amigos fue que fomentara mi capacidad de compromiso, acepté y estos catorce años juntas han estado llenos de alegrías, retos, aprendizajes y algunos rasguños.

De lo primero que me dejo ver Becky, nombre de la susodicha, es que no todos los gatos son huraños, ella es muy cariñosa, siempre que llego a casa está esperándome detrás de la puerta para compartir el ritual de saludo, que incluye montarse en el lavadero a que la acaricie. A los conocidos que vienen de visita también les pide que la vayan a saludar y es común que nos acompañe en la sala o el comedor escuchando nuestras charlas. Y si no tiene ganas de estar conmigo o con las visitas, simplemente se aparta y se va a reposar en un lugar apartado, no se queda por convivir ni en contra de su voluntad,

Otro mensaje ha sido que cuando tiene ganas de que la acaricie, se acerca a pedirlo, sin temor a ser juzgada, y que cuando es suficiente, me lo hace saber. Si quiere jugar y no le hago caso, igual toma su juguete y lo lanza para ir a alcanzarlo, es decir que puede hacerlo acompañada o sola.

Ella confía en su instinto, si no le gusta alguien, no se le acerca, le maúlla y lo mira con desconfianza, también respeta su sueño y momentos de descanso. Cuando tiene hambre, se acerca a su plato y con calma come lo que la satisface. Escucha a su cuerpo y cuando lo requiere se estira en las mejores poses de yoga.

Me ha enseñado a mirar con atención, su mirada penetrante me hace voltear, porque me siento observada. Saber acompañar, al baño o a la cocina, me sigue y solo se siente a hacerme compañía, se pasa horas a mi lado mientras escribo en la computadora. Disfruta de las cosas simples, goza de la caja de cartón o el papel hecho bola que simula una pelota.

Mucho he aprendido de ella, replicar algunos de sus comportamientos me han hecho la vida más ligera y menos complicada.

¿Y si aprendes de tu mascota?

¿Y si…sí?

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