Lo dulce de lo amargo

Desde pequeña fui fanática del refresco. A mis cuatro años pedía que me sirvieran la bebida efervescente en lugar del agua de Jamaica preparadas para los niños. Las burbujas y el azúcar tuvieron un efecto adictivo en mí. Sabiendo de las calorías que aportaban, siendo adulta tomé la decisión de beber la versión light del mismo.

De tanta azúcar consumida en mi vida rechacé de forma natural los sabores amargos por lo que me acostumbré a azucarar el café, el té y en algún momento, hasta la fruta. No soy la única, los productores de alimentos lo saben y hoy es una tarea titánica encontrar en el supermercado un producto que no tenga azúcar añadida, ni siquiera en la comida de los bebés.

La amargura existe en la naturaleza, basta probar una berenjena o toronja para comprobarlo, pero entre la herencia de nuestros ancestros, que le rehuían porque es un sabor característico de los venenos, y la industria alimentaria nos empujan a despreciarla.

Me pregunto. ¿qué sería de mi vida si en lugar de evitar y rechazar esos momentos amargos, los miro y aprendo de ellos? Ya sabes, desmenuzarlos en lugar de pretender que todo está bien o pedir que se acabe rápido.

Como planeta estamos pasando por un momento amargo, vivirlo ha tenido sus retos. Hemos estado acostumbrándonos a formas nuevas, nos gusten o no, es lo que hay y como siempre nosotros tenemos la posibilidad de decidir el cómo experimentarlo.

Me llama la atención escuchar que algunos dan al 2020 como año perdido y eso que todavía le quedan seis meses. Ante la pérdida de dulzura lo estamos rechazando, rogando porque pase rápido sin detenernos a indagar que hay en esta amargura.  

Sin caer en un positivismo tóxico creo que algo bueno puede salir de estos tiempos. Sin negar el dolor y la montaña rusa de emociones que nos ha provocado, este puede no ser el peor año de nuestra vida, si aprendemos de estas experiencias y nos damos a la tarea de apreciar lo que esta amargura nos ha dejado.

En mi caso esta situación ha mejorado la relación con mis papás y hermanas, hoy, a pesar de la distancia estamos más cerca que nunca. El confinamiento me ha permito enfocarme en mi emprendimiento y hasta aprender a cocinar. Ante la imposibilidad de viajar me he pasado horas en el viaje más fascinante del mundo; el interior.

Sé que cuando haya la posibilidad de salir ya no daré por sentado un abrazo, una caricia, o el tener la fortuna de contar con familia y amigos. Sí, estos tiempos ayudan para tomar perspectiva y contar nuestras bendiciones.   

En México decimos que esto no se acaba, hasta que se acaba y como no quiero hacer de este un año perdido; sigo trabajando y planeando para el futuro.

¿Y si le encuentras el gusto a lo amargo?

¿Y si…sí?  

La semana pasaba platiqué sobre si es posible vivir en Gozo en estos tiempos, acá la respuesta.

También charlé con Belén en el podcast “De la mano del Alma” hablamos del Gozo de tu presencia.

Author: Coach Adrix

Life Coach, Coach Ejecutivo y Team Coach - Viajera empedernida - Embajadora del Gozo n

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