El duelo de la vieja normalidad

El duelo de la vieja normalidad

La vida de todos ha cambiado y aunque nos cueste reconocerlo este cambio será para siempre. El bicho estará con nosotros un buen tiempo y para cuando logremos adaptarnos a convivir con él ya todo será distinto. Esta semana al darme cuenta de ello tuve que hacer un alto para asimilarlo y empezar con el proceso de duelo de la vieja normalidad.

Este descubrimiento me sorprendió. Sobre todo, porque al principio de este confinamiento lo tenía claro, pero conforme me fui acostumbrando a estar en casa y vi los meses pasar no me percaté de que conservé un pequeño anhelo de que quizá en algún punto las cosas volverían a ser igual.

Y no es que añoré la vida acelerada de antes, esa donde las prisas, el tráfico, las reuniones familiares con discusiones, el frenesí del centro comercial o las filas para comprar algo, esa no. Pero me está costando concebir una en la que ya no habrá más besos, abrazos, grandes fiestas o salir a la calle sin que represente un riesgo para mi salud.

Me considero una persona consciente de que el cambio es inevitable, en esa misma línea soy una entusiasta de mantener el espíritu de que este es para mejor y activa en desarrollar habilidades para enfrentarlo. Sin embargo, a veces olvidó que resulta necesario tomarme un tiempo para decirle adiós a lo que se va y vivir el proceso de duelo como parte de este. Me queda claro que pasar a la siguiente etapa sin procesarlo no me permite, entre otras cosas, avanzar.

El año pasado experimenté algo similar. Durante 5 meses supe que terminaría mi contrato en la empresa en que trabajé por más de 20 años. Ese tiempo lo dedique a sacar mis artículos personales, dejar todo en orden y pasarle la batuta a quien se quedaría en mi lugar. También me apliqué en el plano físico trabajando en terapia el cierre de esa etapa.

Por eso al lunes siguiente de mi último día de trabajo me senté en mi casa a trabajar en mi emprendimiento. Para mi sorpresa no daba pie con bola, como dicen en México. Por más que lo intentaba no lograba concentrarme y lo que producía era de poca calidad.

Hasta que pude reconocer que mi corazón (emociones) no había asimilado lo que mi cabeza entendía bien y que mi cuerpo, que había sido movido de una rutina y espacio físico, estaba fuera de equilibrio. Hasta ese momento pude dejar de lado la computadora y sentarme a sentir.

Ahora toca lo mismo, dejar de lado el optimismo o las oportunidades de lo que pueda venir y hacer un alto para conectar con la idea de que todo permanezca igual (negación), maldecir a este bicho por lo que nos hizo (ira), encontrarme en esta nueva forma de vida (negociación), llorar y sentir la tristeza de lo que ya no será igual (depresión) y hasta que me acostumbre a estas nuevas formas sin añorar como era antes (aceptación).

¿Y si vives el duelo?

¿Y si…sí?   

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Author: Coach Adrix

Soy Coach Adrix y te guío al viaje más fascinante: ir a tu propio interior para reconciliarte contigo, conectar con el gozo de sentirte a gusto siendo tú y disfrutar la vida que has creado.

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